Poesia Surfer con Sam Scholl: Engabao

Engabao

Una vez más me encuentro aquí, donde todo comenzó. Tú junto a mí, ¿cuánto tiempo hace que nos conocemos? Una gigantesca bola de colores emergió del mar, pasó por encima de nosotros, iluminándonos, escaneándonos, analizándonos. Hoy vienes a mí, con una cerveza en la mano, las olas maravillosas y eternas, rompiendo imparablemente sobre ellas mismas, tal como las imaginó Virginia Woolf. El desierto, de una belleza impresionante nos invita a explorarlo a seguir las huellas de ese filósofo griego, Isósceles, que tanto amó el mar y que alguna vez dijo: TODO LO QUE HACES TIENE SENTIDO,¿sí muerdes?Y más allá presenciamos una explosión nuclear, una hermosa nube en forma de hongo estalla afuera y dentro de nuestro cerebro. Y lo puedes ver, sientes también la brisa marina que refresca la calina del desierto y tu rostro tan puro, tan hermoso y tan siniestro cuando sientes celos. Todo es tan claro cuando me lo explicas, todo es tan sencillo como cuando nos bañamos en la paradisíaca orilla norte de Engabao.

Y aquella noche llegamos tarde y acampamos como pudimos y te preparaste una ensalada alucinógena y yo te gritaba, con el rostro desencajado por el ansia: NO TE ME COMAS LA LECHUGA. Afuera el fuego de las fogatas consumían su sacrificio hacia el espacio y nos empezamos a reir a carcajadas, oleadas imparables de risa frenética, demencial, pero también nos dió hambre, un hambre que nos torturaba las tripas, era una verdadera HAAAAAMMMMBBBRREEEE, de todo lo que se moviera por ahí y salimos corriendo de la carpa, corriendo desnudos, locos, como homínidos primigenios en busca del fuego sagrado del conocimiento de Isósceles y cazamos un chancho salvaje, sí, lo perseguimos y lo azaeteamos y cuando el gigantesco chancho cayó mortalmente herido, lo rematamos con una piedra sobre la cabeza, sí, y vimos borbotones de sangre, palpitante con el ritmo del sístole y el diástole, y todo fue una locura, nos alimentamos de calientes y humeantes trozos de carne llena de proteína animal y grasa purificada previamente en fuego sagrado para los dioses. Sí, entonces comprendimos el conocimiento puro de Isósceles y vivimos en Engabao.

Engabao mágico:

Parqueando

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